
La naturaleza ambivalente del pachulí: ¿maldición o regalo?
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Repelente, sensual, magnético, evocador de emociones extremas… Una cosa es segura: el pachulí no puede describirse como simple o neutral. Divide a los amantes y usuarios de perfumes en dos grupos: algunos se sienten encantados por sus notas exóticas, mientras que otros se sienten repelidos por su olor a humedad. Probablemente no haya otro ingrediente en la perfumería que provoque una gama tan amplia de emociones. Precisamente por eso, el pachulí tiene una historia única: desde su entrada en los salones reales, su caída en desgracia, hasta su renacimiento y su regreso como una de las notas dominantes en la perfumería.

¿Qué es el Pachulí?
Empecemos con lo básico. El pachulí es una planta (un arbusto semileñoso) de la familia de la menta, cultivada en regiones tropicales de Asia, como Indonesia, Filipinas y Malasia. Sus hojas se utilizan para la producción de aceite esencial. Curiosamente, las hojas frescas de pachulí no tienen aroma. Solo a través de los procesos de secado y posterior fermentación se libera su extraordinario aroma. Los expertos clasifican el olor del pachulí en la categoría amaderada-verde. Su fragancia embriagadora e intensa se caracteriza por una gran durabilidad y proyección. Definitivamente no es un aroma ligero y floral que guste a todos. Al principio, es algo dulce y herbáceo, pero con el tiempo desarrolla una profundidad amaderada con un matiz similar al vino. El pachulí revela su máximo potencial como parte de una composición aromática, combinando perfectamente con el sándalo, la rosa, la lavanda o la mirra. Fija excepcionalmente bien las notas más ligeras, por lo que suele encontrarse entre las notas de fondo.
La llegada del Pachulí a Europa
¿Cómo comenzó el gran viaje del pachulí a Europa? En el siglo XIX, el pachulí llegó al viejo continente como un repelente de polillas. Se descubrió que su aroma las mantenía alejadas, por lo que se impregnaban con él los tejidos de cachemira y seda importados de la India. Con el tiempo, se observó que ciertos chales se vendían mejor que otros, y la razón no era su apariencia, sino el aroma del tejido. Desde ese momento, el pachulí comenzó a conquistar no solo el corazón de la burguesía, sino que también hizo una entrada audaz en las cortes reales. La aristocracia francesa quedó fascinada por su aroma, que era completamente diferente a lo que conocían: dulce, con un toque alcanforado y, sobre todo, increíblemente sensual, casi "sucio". En el siglo XIX, el pachulí empezó a aparecer como un ingrediente en perfumes de lujo, destacando las influencias orientales y exóticas que dominaban en esa época. Como resultado, el pachulí se convirtió en un aroma de moda y deseado entre las clases altas.
Sin embargo, las modas cambian. Con el tiempo, la reputación del pachulí sufrió un duro golpe. Se consideró intrusivo, causante de dolores de cabeza y, además, afectaba negativamente la imagen de las mujeres, despojándolas de su aura de inocencia. El pachulí cayó de los lujosos salones de la realeza a los dormitorios de las cortesanas, quienes adoptaron con entusiasmo esta fragancia ostentosa pero extremadamente duradera, conocida como el "aroma del amor".

El Pachulí en el Siglo XX
A principios del siglo XX, el pachulí adquirió un nuevo significado en el mundo de la perfumería. Se empezó a utilizar de manera más consciente y sofisticada en composiciones dominadas por inspiraciones orientales. Sin embargo, en las décadas posteriores, debido a su aroma fuerte y complejo, el pachulí comenzó a ser tratado con cierta reserva, especialmente en composiciones más ligeras y modernas que ganaron popularidad después de la Segunda Guerra Mundial. Los años 50 y principios de los 60 estuvieron dominados por fragancias más frescas, florales y aldehídicas, como el icónico *Chanel No. 5*, que en algunos casos dejó el pachulí en un segundo plano.
El pachulí resurgió en la segunda mitad de los años 60. Se convirtió en un símbolo de la revolución cultural hippie. Su aroma representaba el espíritu de protesta contra las normas culturales tradicionales de feminidad y masculinidad, así como una espiritualidad oriental profundamente arraigada y la necesidad de conexión con la naturaleza. En los años 70, el pachulí tuvo dos caras: por un lado, simbolizaba un estilo de vida alternativo asociado con el desaliño y la falta de higiene, pero por otro, era un ingrediente clave en muchas fragancias clásicas y de moda como *Aromatics Elixir* de Clinique o *Opium* de Yves Saint Laurent.
Los años 80 fueron la era del exceso, la opulencia y las fragancias audaces e intensas. Los perfumes se volvieron más expresivos y multidimensionales, encajando perfectamente con el estilo de la época: fuerte, llamativo y lleno de brillo. El pachulí, conocido por su profundidad terrosa y sensualidad, se adaptó perfectamente a estas tendencias y a menudo se combinó con otros ingredientes igualmente intensos como el sándalo, el almizcle o las especias. Una de las fragancias más icónicas de esa década fue *Obsession* de Calvin Klein (1985), donde el pachulí jugó un papel crucial en el fondo de las notas orientales.
El Pachulí en el Siglo XXI
En el siglo XXI, el pachulí ha regresado con una versión más refinada y versátil. Gracias a las técnicas modernas de extracción y destilación, los perfumistas han logrado resaltar diferentes facetas del pachulí, lo que ha llevado a su enorme popularidad, especialmente en composiciones de nicho. Hoy en día, cada vez más marcas de perfumes apuestan por fuentes sostenibles de materias primas, y el pachulí –cultivado principalmente en Indonesia– se ha convertido en un símbolo de producción responsable en la industria de la perfumería.
Conclusión
La historia del pachulí en la perfumería es una auténtica montaña rusa. Desde su popularidad en los palacios franceses hasta su caída en la decadencia, su resurgimiento en los años 70, su declive en los 90 y sus innovadoras aplicaciones en el siglo XXI, el pachulí ha recorrido un largo camino en el mundo de las fragancias. Hoy, gracias a diversas técnicas de producción y cambios en las preferencias aromáticas, el pachulí es más versátil que nunca. Se encuentra tanto en composiciones intensas y sensuales como en fragancias más ligeras y frescas. Se ha convertido en un símbolo de longevidad y profundidad, representando la historia, la naturaleza y la modernidad en la perfumería.